Artwork > HABEUS CORPUS

Habeas corpus es un término que proviene del latín hábeās corpus [ad subiiciendum] ‘que tengas [tu] cuerpo [para exponer]’, "tendrás tu cuerpo libre",
El elemento que articula la exposición es el cuerpo, desnudo, un espacio en blanco en el que la piel, la carne y los huesos se convierten en un mapa corporal. Que será la semilla de un campo fértil donde la creación y la inspiración surgen del vacío corporal prisionero en sus cicatrices. Sin que haya un espacio tiempo.
Pasamos por etapas donde ha terminado todo, y al mismo tiempo hay algo que comienza. Lo que los filósofos presocráticos discutían en torno a <lo lleno> y <lo vacío> o en torno al ser o no ser. Heridas, cicatrices que son las huellas-semillas de lo que va a surgir. Creemos que es estéril pero es fértil.
Para la compresión del conjunto de la obra hay que entender que todo se articula a partir de cuatro esculturas desnudas vendadas en la cabeza , el pecho, los brazos y el vientre. Simbolizan las huellas de las ideas, las emociones, la acción y la creación fruto de las experiencias.
Podrían ser la venus de Botticelli en su concha que con sus largos cabellos y sus manos que cubre las partes intimas. Pero estas venus no se cubren, exhiben sus heridas, huellas de las vivencias atemporales,
Son venus prehistóricas, con una postura típica de las venus púdicas sin seguir los cánones estándares de belleza como la venus de Willendorf, primarias,

En esta serie la artista incluye el dialogo entre las esculturas y los restos de papeles y de la vida en los muros de medianeras.

Texto de Lourdes Ribé:
A menudo olvido que soy cuerpo. Un cuerpo divino modelado ex-novo con cieno y arcilla. Por mi. Desde la génesis de los tiempos. Si es que el tiempo existe.
Nazco y mi cuerpo pasa gozos y penas no siempre confesadas porque la línea que lo separa injustamente del alma es frágil y caprichosa.
Es un espacio en blanco en el cual mi piel, mi carne y mis huesos se convierten en el mapa fiel de las circunstancias. Como la corteza arrugada lo es para el árbol. Como el envoltorio liso y frío lo es para la piedra. Leo el mapa y leo mi vida. La revivo infinitas veces con cada muesca, con cada melladura, con cada señal.
El vacío se llena de heridas. El cuerpo sólido se desgarra y brotan los fluidos. Llega el dolor, como una ilusión. Cada herida es una pequeña muerte. Pero cada herida es también una galería excavada en las entrañas de mi cuerpo, un ir hacía dentro y no dis-traer-me con ideas que tantas veces se me llevan lejos del aquí y del ahora. De lo que es primordial. De mi. Un nuevo nacimiento. Doy gracias a mi cuerpo, pues, cuando habla.
Lo observo por dentro. Amo mis heridas pintadas, las limpio y las curo. Las llagas se cierran y se vuelven cicatrices. I se funden otra vez con el espacio en blanco que son mi piel, mi carne, mis huesos. Mi ser.
A menudo recuerdo que soy un cuerpo. Un espacio fértil dónde la inspiración y la creación surgen desde el vacío, desde la danza interminable que lo llena de significado y lo vacía de nuevo. Hasta el fin de los tiempos. Si es que el tiempo existe.
Lourdes Ribé (www.tabularasa.cat)

En el principio no hay nada, después hay después, algo, una marca en el tiempo, un es. Lo que el vacío, la nada, lo imposible, o la ausencia dispensaron, dieron al ser.
En la desnudez, la espera. Creador es quien vive de esas marcas, esas huellas, no de sus cicatrices: las certezas.
Hugo Mujica